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Lluvia de octubre.

Imagen de un verde jardín donde se aprecia la lluvia caer.


Gota perlada y brillante
gota húmeda de sueños latentes
gota que al caer arrasa calamitosa con las cosas minúsculas
convirtiéndose en su némesis,
pero  que a la vez porta vida a la tierra,
a sus ilusiones.
Gota solitaria que moja mi mano
se reproduce mágicamente transformándose en miles
cayendo en un repiqueteo constante
rítmico
como ramillete de flechas
como redoble de tambor adusto,
en un invierno que lo devora todo
sin contemplación.

El sol se retira furtivo y avergonzado
disfrazado de nube tormentosa
mientras miro la lluvia caer,
mientras me pregunto qué hago
con este cúmulo de historias rotas.   
Ahora estoy aquí
balanceándome sobre la punta de mi dedo
como portentoso equilibrista
encima del agudo filo de la aguja.
Así me mantengo,
hasta que la tensión se desborda
y la aguja traspasa mis tejidos
clavándose hasta la médula de mis huesos.
Así punza el desamor de ella en mí,
así se abrió paso el dolor en mis pupilas,
volviéndose todo gris
terminando el espectáculo
sin aplausos, ni luces...

Y mientras la lluvia discurre en su ciclo eterno
acato con los labios cosidos
el grito de mi dignidad.
Por eso me voy para no volver,
con lágrimas de sangre
que arden a la luz
pero no renegaré del amor
ni maldeciré mi suerte…
Si lo hago, puedo entonces perder
la humanidad que aún me queda…
la humanidad que me permite evocarla.

Mi terco corazón todavía se niega
a soltar el incensario de su recuerdo
¡qué tonto y testarudo!,
solloza marchito en mi pecho
mientras miro con nostalgia
las reminiscencias que se desvanecen.  
Así que calma, corazón, calma… no sangres más…
que tus latidos sean para vivir
y no para punzar en el desasosiego.
Deja que la melancolía salga
por la misma puerta que abrió
quien te dejó ese vacío al irse.

Bajo el aguacero  que derrama su ímpetu
siento la lluvia acribillar mi rostro
diluyendo la tristeza salina que escapa ingenua de mis ojos.
Lluvia que limpia el polvo de las letras
liberando mi alma del peso de poesías insípidas
de versos grises y de ecos fríos.

Una vez fui tierra y ella me nutrió de vida
pero ahora soy la minúscula partícula
barrida por el torrente agitado de su gota.
Gota llena de luz.
Gota perfecta.
Gota que anhelo.
Ella,
hacia quien extiendo mi mano
para poder tocarla
pero se dispersa ante mis ojos
volviéndose intangible
imposible de abrazar
a pesar de que me empapa
calándome el alma
profundamente
como lluvia de octubre.



Mi primera publicación del nuevo año, esperando que sea de tu agrado y que este nuevo ciclo venga pleno de salud, éxitos y prosperidad para ti... ¡gracias por leerme y por tu tiempo! 





Lluvia de Octubre - CC by-nc-nd 4.0 - A. Gaudionlux