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Memento mori

imagen de un hombre con la camisa un poco abierta mostrando su pecho donde se ve incrustado un dispositivo como un panel.

Este relato participó en el 4to. concurso: "Arma Una Historia Basada En Una Imagen" de la comunidad "Almas de Bibliotecas y Cines" y está inspirado en la imagen que ilustra esta entrada. Espero lo disfruten.
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Tulio se levantó temblando y sudoroso. Con dificultad se dirigió al baño y se colocó frente al espejo sosteniéndose del lavamanos. La reflectiva superficie le devolvió una imagen que no era la de él; miraba a un hombre como de treinta y tantos años, cabello negro... No tenía idea de cómo se llamaba, así que busco la identificación la cual indicaba «Carlos Eduardo Gil Vargas». Era un buen nombre, pensó Tulio, si tenía un hijo y decidía llamarlo Carlos, lo apodarían «Carlitos», en cambio que si él decidía ponerle su nombre a un hijo, lo llamarían “Tulito” y eso no le agradaba para nada. Miró su pecho y pudo observar el dispositivo contenedor incrustado con dos cables que sobresalían. Marcaba cinco horas en cuenta regresiva, tiempo más que suficiente; en treinta minutos estaría ya recuperado y se habría acostumbrado al nuevo cuerpo, en tres horas tocaba la misión, seguido contactaría a su enlace que lo esperaría con su cuerpo original para poder hacer el intercambio.

Una llamada de la radio lo sacó de sus cavilaciones.

- Acá «Gran Danés», ¿me copias, «Chihuahua»?

- Acá «Mastín», no Chihuahua, grandísimo perro…

- ¡Ah!, ¿«Mastín» era el asunto? Disculpa, je, je, me confundí… ¡Y respeta a tu jefe de operaciones! ¿Cómo que grandísimo perro…?

- Disculpe, «jefe»… quise decir «Gran Danés»… 

- Así está mejor... ¿Qué reportas del cambio de recipiente? En dos horas con cincuenta y tres debes estar en la azotea del edificio, busca un cajón de herramientas donde estará oculto el regalo… ya conoces el objetivo… ¡rómpete una pata!

- ¿Esa expresión no es de teatro…? El cambio sin novedad, esperando termine la asimilación, punto de acción y blanco confirmados, esperando confirmar retorno…

- Sólo lo dije para animarte. Tu enlace conectará en tres horas con cincuenta. ¡Cambio y fuera, Mastíncito…!

- ¡Cambio y fuera desgraci… jefe!

Siempre que le tocaba Antonio como jefe de operaciones era lo mismo, a este le encantaba sacarlo de sus cabales. Tulio era uno de los mejores francotiradores de la agencia y siempre usaban «recipientes» en sus misiones para proteger sus identidades, por otro lado, a los recipientes no les iba tan bien, luego de ser desechados quedaban en un estado comatoso.

Tulio se dirigió al edificio y buscó el estuche con el rifle Barrett modelo 82A1M, su objetivo era el senador David Bustamante. Desde ahí tendría el campo y la visual para el disparo. Todo salió perfecto. 

Completada la misión, mientras se formaba el pandemónium a las puertas del congreso, Tulio se dirigió dos calles más abajo, donde contactaría a su enlace, pero pasados treinta minutos del tiempo pactado, este aun no llegaba.

Tulio se alarmó, ya solo le quedaba una hora antes de que terminara la cuenta regresiva. Llamó por radio al jefe de operaciones pero nadie respondió. Su preocupación mutó en paroxismo. Se dirigió a donde se encontraba el teatro de operaciones, una furgoneta estacionada a tres cuadras de ahí y al entrar, descubrió con horror los cadáveres de sus compañeros. Antonio agonizaba… sus últimas palabras fueron: Hotel Merú, 206.

Se dirigió a toda prisa al hotel y al llegar subió como poseído. Cuando entró a la habitación, miró con espanto un cadáver en la cama: habían asesinado su cuerpo, ya no podría intercambiarse. Una tableta al lado del inerte bulto titilaba... al activarla, escupió su sentencia: «Lo sentimos, Mastín, todos los integrantes de la operación debían ser silenciados… órdenes superiores. ¡Gracias por tus servicios! Memento mori».

Al terminar el mensaje, la tableta empezó a humear. Tulio abrió la camisa y miró su pecho. La fatídica pantalla marcaba 3, 2, 1…


Memento mori - CC by-nc-nd 4.0 - A. Gaudionlux